domingo, 10 de octubre de 2010

apología al "puchito"

Me podrán decir que promuevo un vicio, que dicto doctrinas extrañas, que mal influencio a más de alguno, pero siento un deber pseudo-moral hacer esta apología. Es verdad que es dañino y que puede traer muy malas consecuencias, es verdad que en exceso, o no tanto, es muy noscivo para la salud, mas no hay nada como disfrutar de un buen cigarro.
Le llaman de muchas formas: pucho, cigarrillo, flaco, vicio, social, etc. No me refiero a ser un adicto ni a consumir varias cajetillas al día o quemar el dinero en demasía, sino a disfrutar, de vez en cuando, un buen pucho. Hablo de sentarse al final del día, cuando ya no hay responsabilidades ni obligaciones; cuando el tiempo ya no corre en contra ni a favor, sino solo corre. Hablo de sentarse en un lugar cómodo o estar de pie siemplemente estando, sin nada más en qué pensar. Hablo de ese "placer", "lujo", de tomar aquel royo de tabaco mezcldo con quién sabe qué basura envuelto en un papel blanco, acercar el fuego y prender el idilio de la calma.
Tal vez no tiene sentido y concuerde con todos quienes exponen, con toda razón, lo negativo del cigarro, pero es un sin sentido con el que me puedo sentar unos minutos eternos hasta que el calor en los labios me indique que no hay más. Es probable que un buen libro, música, compañía y demases, complementen el momento señalado, mas prefiero disfrutarlo en silencio y sin matices, en silencio y sin compañía, en silencio y en silencio. Sí, es verdad, puedo tolerar el mar de fondo y acompañando en su bogar profundo y eterno, pero solo puedo aceptarlo porque me lleva al silencio.
Inconcebible será encontrarnos apurados, en medio de la borágine del día, en el ruido o por la "obligación" de un momento social. No tendrá justificación alguna hacerlo a escondidas, como queriendo que no me vean... eso sería un horror.
Cuando realmente puedo disfrutar un "puchito" somos el puchito y yo, el silencio y yo, el silencio, en silencio.